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03/12/2005
Viaje a la memoria de Julio Caro Baroja
El Centro Conde Duque de Madrid le rinde homenaje, a los
10 años de su muerte, con una exposición que arroja luz
sobre su vida y obra
MADRID.- Diez años después de su muerte,
Madrid recuerda a Julio Caro Baroja (Madrid, 1914 - Vera
de Bidasoa, 1995) con una recoleta y polifacética
exposición en la que se han reunido más
de 200 piezas, muchas de ellas inéditas, entre
pinturas, dibujos, fotografías, objetos, documentos,
cartas o libros que dan fe de la multitud de registros
y facetas que cultivó este sabio de la cultura
que destacó por sus investigaciones en la etnografía
y la historia de los pueblos de España. La muestra,
organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones
Culturales (SECC), se completa con dos audiovisules: una
película etnográfica dirigida por el propio
Julio Caro Baroja (Navarra. Las cuatro estaciones) y una
entrevista que Joaquín Soler Serrano le hizo para
su programa televisivo A fondo en 1976.
La exposición, que estará abierta al público
hasta el próximo 15 de enero en el Centro Conde
Duque de Madrid, permite explorar la vida y la obra de
este intelectual vasco, sobrino de Pío Baroja,
enraizado en la tradición intelectual de la Institución
Libre de Enseñanza, a través de cuatro apartados
fundamentales.
En la parte más biográfica de La vida de
Julio Caro Baroja aparecen varias fotografías familiares,
en las que se le puede ver rodeado de sus hermanos, padres,
tíos y abuelos, unas veces en su casa familiar
de Vera de Bidasoa y otras en el Madrid de su niñez.Por
ejemplo, es la primera vez que se puede ver a todos los
Baroja en la huerta familiar en 1917 o a Julio Caro Baroja
vestido de comunión o tocando el chistu en 1921.
Junto a las imágenes, se pueden observar retratos
al óleo de Pío, Carmen y Ricardo Baroja,
así como dibujos de infancia de don Julio, como
las secuencias tituladas Los niños rusos pasan
mucha hambre o Las viejas jugando a las cartas, en las
que ya se ve con nitidez su capacidad creativa, irónica
y observadora.
En esta primera parte, el visitante puede encontrar también
instantáneas, documentos y correspondencia de José
Miguel de Barandiarán, Telesforo de Aranzadi, Miguel
de Unamuno, Azorín, Ramón María del
Valle-Inclán, José Ortega y Gasset, Walter
Starkie y Camilo José Cela, entre otros. Aquí
se inserta la fotografía que recuerda su ingreso
en la Real Academia de la Historia en 1963, o su entrada
en la Real Academia Española, en 1986. Junto a
ellas, se puede ver un curioso dibujo que lleva por título
Lo que falta en la Academia: vino, canciones y mujeres.
Tras elogiar la capacidad crítica del autor de
Las brujas y su mundo, el presidente de la SECC, José
García Velasco, consideraba ayer que la recuperación
de la figura de Julio Caro Baroja es, en este momento
histórico, «muy oportuna por su tolerancia,
su visión de una España plural, su amor
al conocimiento, su falta de prejuicios...».
Un segundo apartado de la exposición se detiene
en El estudio de la vida tradicional española,
uno de sus principales campos de investigación.
Aquí se observan libros, maquetas, fotografías,
dibujos y estampas, junto a numerosos apuntes etnográficos,
muchos de ellos expuestos al público por primera
vez.
Durante mucho tiempo, a Julio Caro Baroja se le consideró
un raro que no encajaba ni en el mundo académico
ni en el político, y todavía hoy padece
esa condición de único que no encaja. Es
lo que afirman sus sobrinos Carmen y Pío, que han
contribuido, junto con Joaquín Alvarez Barrientos,
a hacer posible esta exposición.«Hemos querido
poner de relieve», afirman, «tanto los aspectos
ortodoxos y canónicos de su actividad intelectual,
como aquellos otros que quizá explican la dificultad
que muchos tienen para situar a Caro Baroja en el panorama
intelectual español. Lo que ocurre es que la independencia,
la honestidad y la originalidad no son fácilmente
aceptadas».
En la tercera parte de la exposición, titulada
Estudios de la Historia de España, se profundiza
y se recogen reflexiones del intelectual sobre diferentes
aspectos de la Historia de nuestro país, desde
cuestiones antropológicas a temas sociales y culturales.El
interés de Caro Baroja por la Historia queda patente
al observar los títulos de algunos de sus libros:
Los pueblos de España: ensayo de etnología,
Las falsificaciones de la Historia en relación
con la de España, Los judíos del reino de
Granada o Razas, pueblos y linajes, entre otros.
El último apartado de la muestra, Marginalia,
reúne diversos objetos y piezas de distinta procedencia
propiedad de la familia Caro Baroja. Aquí están,
por ejemplo, un Autorretrato (1975), un dibujo de El Concilio
antes de Juan XXIII o un belén que fue comprando
desde niño con el dinero que le daba su abuela.
Pío Caro Baroja, que une a su condición
de hermano la de comisario de esta exposición,
dijo ayer que no quedan manuscritos inéditos de
don Julio. Curiosamente, sí quedan textos sin publicar
de su tío Pío Baroja. El mismo contaba ayer
las razones: «Primero quedaban unos manuscritos
relativos a la Guerra Civil, pero mi hermano Julio prefirió
no publicarlos en un primer momento. Luego lo hicimos
cuando pasaron los años. Los lectores tienen derecho
a exigir sus textos y nos reprochaban el silencio. Ya
sólo queda publicar el libro Las miserias de la
guerra, que saldrá en 2006 con un prólogo
de Miguel Sánchez Ostiz. Y quedan fragmentos de
textos sueltos, que acabarán publicándose
para decir definitivamente que ya no queda nada, que hemos
terminado con los inéditos».
Esperando a los alabarderos
Su hermano Pío recordaba ayer que a Julio Caro
Baroja le entusiasmaba acercarse al Cuartel del Conde
Duque, donde hoy se le rinde homenaje, para ver la salida
de los alabarderos que después se dirigían
al Palacio Real para hacer el cambio de guardia. «Era
una escena muy bonita. Ibamos todos los chicos del barrio.
El solía llegar agarrado de la mano de Ciro Bayo.
Por eso me siento como en casa.Sin embargo, aquí
no predominaba la cultura, como ahora, sino que había
un olor terrible a estiércol, porque aquí
se acumulaban 200 caballos. Era precioso verlos salir
echando chispas en el empedrado de la calle con el roce
de las herraduras. Ahora quiero imaginar que sigue vivo
y que sueña con que salgan los alabarderos».
Pío Caro Baroja confesó que su hermano
se hubiera quedado feliz y asombrado al ver reunido en
una exposición el trabajo de toda su vida. «Estaría
encantado, claro. Le hubiese gustado ver sus dibujos en
los que plasmó ese mundo fantástico que
tanto le divertía.Prácticamente se interesó
por todo y eso se puede ver en sus libros. Escribió
del Sahara y ahora los del Frente Polisario recurren a
su trabajo para conocer su pueblo. Se introdujo en el
mundo de los judíos, de los vascos, de los moriscos...
Julio Caro Baroja se metió en los andurriales de
la Historia de España a través de su gente
y a través de los pueblos. Nada de monarquías
ni de reyes».
El Mundo
© Pilar Ortega Bargueño
Madrid
03/12/2005
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