Localizaci鏮, personificaci鏮 y personalizaci鏮 de las leyendas
En este intento de sistematizaci車n excesivamente
r芍pido acerca del estudio de las leyendas, hab赤amos
comenzado haciendo la definici車n de qu谷
cosa se ha entendido por esta palabra, y luego hab赤amos
hecho una clasificaci車n de g谷neros, por
tipos, llegando al fin a estudiar las leyendas sobre personajes
muy caracterizados y al estudio tambi谷n de las
formas arquet赤picas o los modelos que se dan en
este g谷nero tan particular y tan importante. Es
evidente que aqu赤 es donde podemos encontrar de
una manera m芍s clara la aplicaci車n al estudio
de las leyendas de la teor赤a de los arquetipos,
entendida 谷sta como una reuni車n de caracter赤sticas
de varios ejemplares o individualidades que corresponden
a una noci車n general y superior a ellas. Es el
modelo que nos encontramos en personajes que unas veces
se presentan con rasgos de pretendida realidad y, a veces,
no es s車lo el personaje sino la acci車n la
que tiene estos rasgos. Hab赤amos hecho alguna ilustraci車n
de ejemplos sobre la tipificaci車n de personajes
reales como los fil車sofos griegos: Her芍clito,
Dem車crito, etc., en unas formas que fueran inteligibles
para las personas aunque no conocieran en realidad los
sistemas filos車ficos de estos fil車sofos.
En esto se puede encontrar tambi谷n una tendencia
al arquetipo, a hacer un modelo que representa una opini車n,
m芍s que una realidad, en personajes hist車ricos
mucho m芍s modernos. Pod赤a presentarse incluso
como un fen車meno cl芍sico de c車mo
empieza a formarse una leyenda y c車mo la leyenda
puede tener dos interpretaciones opuestas y extremas,
como es el caso de la imagen que se vio en circunstancias
e intenciones distintas entre s赤 de la misma personalidad
hist車rica de Napole車n.
Napole車n, ya muy al comienzo del siglo XIX, fue
presentado por algunos como un hombre extraordinario,
y le dio ya unos caracteres que podr赤amos considerar
casi legendarios en obras hist車ricas como la del
mismo Thiers. Frente a esta interpretaci車n magnificada,
heroica y absolutamente favorable del h谷roe o del
personaje, podemos encontrarnos unos casos que suponen
una inversi車n total del concepto. Si ustedes cogen
un texto tan maravilloso, tipo novelesco, como Guerra
y Paz de Tolstoi, se encontrar芍n con que este personaje,
que para los franceses de su 谷poca era un personaje
fundamentalmente heroico y admirable, se convierte en
una especie de c車mico, de botarate, de hombre que
no tiene la menor cualidad desde el punto de vista moral.
Y, en cambio, el oponente en esta obra, que naturalmente
se refiere m芍s a las campañas de Rusia que
a otra cosa, el general Kutuzov, aparece no como un personaje
real -algunos piensan que era un general cortesano sin
ning迆n inter谷s, un hombre de muy poco talento-,pero
Tolstoi lo pone como un representante de la intuici車n,
del alma rusa,y como una fuerza vital colectiva frente
al histrionismo de Napole車n. Ven ustedes, pues,
que aqu赤 ya hay un elemento legendario de tipificaci車n
que corresponde, punto por punto, a lo que se lleva a
cabo con los personajes reales en el mundo de la leyenda
antigua.
Nos encontramos tambi谷n que en otros g谷neros
como, por ejemplo, el teatro, hay elementos que nos sirven
para estudiar este problema fundamental, en el campo que
nos interesa, de la tipificaci車n o de la caracterizaci車n
o de la creaci車n de arquetipos. Porque en el teatro
cl芍sico se puede ver c車mo se crea el arquetipo,
por ejemplo, del gal芍n. En las comedias cl芍sicas
de Lope, de Tirso, de Calder車n, etc., hay un modelo
casi constante y es el gal芍n. Otro modelo tambi谷n
muy parecido es el de la dama; unos modelos secundarios,
que se caracterizan incluso por una forma f赤sica
externa, como los que se llamaban barbas, vejete, y luego
oros caracteres que son m芍s interesantes como,
por ejemplo, el del criado, que un muchos casos se puede
representar o interpretar como la conciencia del amo reflejada
por otra persona. Es decir, un estado de conciencia que
el personaje no representa pero que el criado, el que
est芍 al lado como una sombra, lo representa. Esto
llega a producir caracteres determinados en las comedias,
ya en la 谷poca de la comedia 芍tica, en personajes
como el D赤scolo de Menandro y caracteres que se
dan en los moralistas, como el "supersticioso",
o "el hombre que tiene tales o cuales escr迆pulos",
en lo que la comedia llega a grandes hechos al formar
arquetipos. Por ejemplo, en el siglo XVII español
hay una forma de un determinado modelo que da el nombre
a un tipo de comedia: es la comedia del figur車n.
El "figur車n" era un personaje rid赤culo,
linajudo, supersticioso, tonto, y nos lo encontramos ya
en Calder車n, en la figura de Antoribio Cuadradillo
de Gu芍rdate del agua mansa o tambi谷n en
personajes como los de Zamora y Cañizares, El D車mine
Lucas de Cañizares o el personaje de El hechizado
por fuerza de Zamora. Hay, pues, tipificaciones de este
tipo que nos ilustran, aunque no sean legendarias, pero
que s赤 nos ilustran para determinar un poco los
procesos de tipificaci車n en las comedias.
Dentro de los personajes arquet赤picos pod赤amos
encontrar variaciones, por ejemplo, en todo el ciclo de
leyendas que podemos determinar tomando como el modelo
mejor o el arquetipo m芍s distinguido, a la figura
del Fausto. Como saben ustedes, Fausto es un personaje
que en parte se considera real, pero que en parte corresponde
al teatro popular alem芍n del siglo XVI; pasa luego
a la comedia inglesa, Marlowe, y tiene la expresi車n
fundamental en el Fausto de Goethe, naturalmente. Pero
este es un personaje al que se le dan unas notas que ya
se encuentran previamente en otros muchos m芍s antiguos:
la intenci車n de hacer un pacto con el Diablo por
razones distintas, la consideraci車n de que tambi谷n
es un hombre de saberes ocultos muy fundamentales y hasta
en alg迆n rasgo fundamental nos encontramos el hecho
de c車mo se ajustan a una visi車n arquet赤pica.
Hay textos del siglo XVI, como uno de un m谷dico
germ芍nico, Jean Wier, que trata de las cuestiones
relacionadas con las imposturas y las ilusiones diab車licas.
En este texto se indica c車mo Fausto, el Fausto
anterior a las formas teatrales famosas, hab赤a
estudiado en una escuela de magia en la ciudad polaca
de Cracovia. Pues bien, hay en este mismo detalle algo
que es arquet赤pico, que es cl芍sico, es decir,
la noci車n repetida aqu赤 y all赤 en
muchas ocasiones de que en ciudades importantes por sus
estudios, por sus enseñanzas, que hoy llamar赤amos
universitarias, se enseñaba la magia p迆blicamente.
Esto se encuentra documentado en textos medievales, sobre
todo en relaci車n con la escuela de magia que se
dec赤a que exist赤a en Toledo; de suerte tal
que en un momento dado los historiadores del siglo XVI
dan fe de ello: al "Arte m芍gico" en español
o en castellano se le llamaba "Arte toledana",
y, en lat赤n, Ars toletana. La escuela de magia
de Toledo est芍 documentada en multitud de textos
internacionales de la Edad Media y durante mucho tiempo
fue evidentemente la m芍s importante y la m芍s
famosa en Europa. Luego nos encontramos este mismo modelo
de escuela de magia, con personajes misteriosos estudiando
en ella de un modo sistem芍tico, en Salamanca: la
famosa Cueva de Salamanca, que fue objeto de teatralizaci車n
en Ruiz de Alarc車n y en otros autores cl芍sicos.
Tambi谷n nos encontramos esto en la ciudad de Granada,
y en la ciudad de C車rdoba, es decir, en dos ciudades
andaluzas y, por 迆ltimo, tambi谷n en Sevilla.
La explicaci車n que se dio a esto en muchos textos,
fue que en estas ciudades, en la 谷poca musulmana,
se explicaban efectivamente ciencias m芍s o menos
ocultas y que esto dio la fama. Esta es una explicaci車n
racionalizada que quiere buscar una causa a la fama de
las ciudades del mediod赤a de España, pero
la realidad es que en Cracovia se da el mismo esquema,
y en otras partes, en N芍poles, en Roma, en Italia,
hay otras tantas escuelas de magia que se han considerado
como escuelas p迆blicas. Es curioso advertir que,
en contra de esta interpretaci車n que podr赤amos
llamar "isl芍mica" de la raz車n
de las escuelas de magia española, en C車rdoba
hay un texto, que aleg車 ya en su 谷poca el
P. Feijoo al estudiar estas leyendas en el que se dec赤a
que el que explicaba la magia era un personaje llamado
Virgilio. Si ustedes cogen el texto cl芍sico del
gran erudito italiano Comparetti sobre Virgilio en la
Edad Media, ver芍n c車mo la persona de Virgilio
para los italianos medievales y para otros europeos, pasa
de ser la figura de un gran poeta, que es lo que sigue
siendo, a la de ser un gran sabio y, por relaci車n
de la sabidur赤a humana con las artes m芍gicas,
pasa tambi谷n a ser la figura de un mago. Es decir,
que este ciclo de ideas en torno a la magia en C車rdoba,
explicado por un mago que se llama Virgilio, entra en
el concepto general europeo e italiano de lo que es Virgilio
en la Edad Media. La personalizaci車n o personificaci車n,
tal vez habr赤a que hacer distinci車n entre
las dos palabras, nos la encontramos siempre con algo
que es inherente a ella, que es el hecho de las localizaciones.
En estos casos, hemos visto c車mo hay una localizaci車n
del concepto de la escuela de magia en varias poblaciones
ilustres en la Europa medieval, pero los hechos de localizaci車n
se repiten en formas particular赤simas.
El otro d赤a creo que hablamos del hecho atribuido
al viaje a Roma en distintas ocasiones y atribuido a distintos
personajes tambi谷n considerados m芍gicos.
Pero las localizaciones legendarias, a veces, toman un
aspecto muy extraño en lapsos de tiempo muy distantes.
Por ejemplo, en el Jard赤n de Flores de Antonio
de Torquemada, era un texto muy curioso y de inter谷s
folcl車rico del siglo XVI que se public車
en 1578, se cuenta como algo ocurrido en su tiempo, en
una ciudad de historia, la aparici車n de una casa
con un fantasma, que por fin desaparece, la casa malfamada,
porque se encuentran unos restos de una persona que estaba
enterrada all赤 y que al quitarse de all赤
los restos y d芍rseles una sepultura sagrada, etc.,
etc., deja de estar habitada por fantasmas. Esto se cuenta
como ocurrido en Bolonia siendo el actuante en esta acci車n
un estudiante llamado Juan V芍zquez de Ayala que
luego en España fue un letrado conocido. Bien,
el caso es que esto se cuenta con localizaci車n,
con datos personales sobre la persona concreta a la que
le ocurri車. Pero luego resulta que muchos siglos
antes esta misma narraci車n, punto por punto, episodio
por episodio, elemento por elemento, se encuentra en las
Cartas de Plinio el Joven y se coloca en su tiempo, tiempo
de Domiciano, y otro hecho ocurrido tambi谷n en
la antig邦edad al fil車sofo Atenodoro en Atenas.
C車mo pasa este hecho desde el siglo II de Cristo
hasta el texto del XVI, es algo que se puede pensar que
se debe a lecturas o a conversaciones eruditas. En el
caso, lo que no interesa, no es la transmisi車n
objetiva del hecho, el elemento o elementos que se transmiten,
por v赤a escrita o por v赤a oral, sino la
localizaci車n y la actualizaci車n que se da
entre el texto de Plinio y el texto del Jard赤n
de Flores curiosas de Antonio de Torquemada. Y este caso
de localizaci車n nos da tambi谷n ocasi車n
de hablar de algo que tal vez rebase el problema que nos
interesa ahora, pero que no deja de tener un inter谷s
te車rico general desde el punto de vista etnogr芍fico
y tambi谷n desde el punto de vista, dij谷ramos,
no s車lo legendario sino vital. Podemos pensar que
este griego de Atenodoro, el caso de Plinio, el caso de
la casa habitada por fantasmas de Bolonia del siglo XVI,
se explican por fen車menos puros de transmisi車n
de una idea, como se transmiten en general los relatos
o las leyendas.
Pero he aqu赤 que, de repente, nos encontramos
con que en el siglo XIX y en el XX el problema de las
leyendas en relaci車n con casas habitadas por fantasmas
o casas malfamadas, porque se supone que en ellas existen
esp赤ritus de los muertos, etc., se convierte primero
en un problema jur赤dico y, en segundo lugar, en
un problema de tipo, podr赤amos llamar, real, en
el sentido cient赤fico de la palabra realidad. Ya
desde hace mucho hay en Italia, y en otros pa赤ses,
una legislaci車n en la que se establecen normas
respecto a lo que ha de hacerse en el caso de que alguno
abandone una casa por raz車n de que considere que
est芍 habitada por fantasmas. Ya en el Digesto,
libro XIX, art赤culo 2º, ley 27, se nos habla
de esto, y hay comentaristas, puristas, que ilustran el
hecho por el texto aludido de Plinio. En el siglo XX mismo
ha habido en N芍poles procesos por este tema: una
persona que ha puesto a otra un pleito porque consideraba
que la propietaria o el propietario de la casa no le hab赤a
puesto en antecedentes sobre semejante situaci車n.
Efectivamente, en 1907, un abogado llamado Zingaropolli
de N芍poles, defendi車 a la duquesa de Castelporto,
seg迆n tengo anotado frente a la baronesa Englen,
porque la baronesa le hab赤a alquilado a la duquesa
una casa en estas circunstancias, y el tema se discuti車,
se debati車 en 芍mbitos jur赤dicos.
De all赤 pas車 a ser objeto de estudio de
ciertos hombres de ciencia que estudian estos fen車menos,
que se llaman ps赤quicos, o las investigaciones
ps赤quicas de algunas sociedades como una que hay
en Inglaterra. El resumen lo pueden ustedes encontrar
en dos libros: uno es de un astr車nomo famoso, muy
metido en este 芍mbito de investigaciones, que era
Camile Flammarion. Flammarion public車 en 1923 un
estudio sobre las casas y los lugares habitados de esta
forma excepcional; y hay otro estudio m芍s moderno
de Raoul Montandon del año 1953 sobre el mismo
tema. Estos autores, deslig芍ndose de nuestro concepto
del problema, que puede ser puramente un concepto de la
leyenda como transmisi車n por v赤a de la lengua
escrita o hablada, se plantean la realidad de los hechos.
Es decir, que hacen una suma de "testimonios",
pong芍moslo entre comillas, acerca de la cantidad
de veces que se ha repetido la afirmaci車n de que
hay esta clase de problemas en casas como las que habitaba
el fil車sofo griego o las que habitaba en Bolonia
el estudiante español. Aqu赤 tendr赤amos
que aceptar que muchos fen車menos de localizaci車n,
de particularizaci車n, seg迆n nuestro juicio,
son fen車menos reales de existencia de hechos incontrovertidos.
Este no es nuestro caso y este no es m芍s que una
muestra entre varias de lo que para nosotros es la localizaci車n
a lo largo del tiempo y del espacio, de algo que proviene
no de la realidad f赤sica sino de la imaginaci車n.
El problema, como les digo, rebasa la investigaci車n
que aqu赤 nos proponemos, y vamos a seguir con este
problema de la localizaci車n a larga distancia en
el tiempo, y tambi谷n en espacios muy distintos
de un mismo hecho muy parecido a otro entre s赤.
En Italia, sobre todo la Italia meridional, ha habido
la creencia en la existencia de un personaje humano que
por circunstancias distintas abandona la familia, abandona
la tierra, se sumerge en el mar y vive en forma de pez.
Este italiano se llama el Pesce Cola. Ya en tiempos de
Guillermo II de Sicilia, es decir, entre el año
1166 y 1189, hay testimonio de que el Pesce Cola aparece
en los mares del sur de Italia. Pero, en fin, vamos a
pensar que seguimos en pleno 芍mbito de transmisi車n.
Otro autor ingl谷s lo da como vivo en 1239, es decir,
ya mucho despu谷s. Luego nos encontramos que, a
lo largo de los siglos, va apareciendo no ya en Sicilia
sino en el mar de N芍poles. Se incorpora al folclore
de la ciudad en la que hay alguna casa en la que se dice
que est芍 representado, y, de repente, ya en 1608,
aparece en el folclore español y en un pliego de
cordel de España donde el tal Peje Nicolao se documenta
como aparecido en el mar Mediterr芍neo español.
Aqu赤 no tenemos m芍s ni menos razones para
pensar en la realidad de las que tenemos para estudiar
otros fen車menos de actualizaci車n. Para nosotros
este caso es igual que el de las casas habitadas aqu赤
y all芍. Pero resulta que en el siglo XVIII hay
testimonios del que el P. Feijoo crey車 en la autenticidad
del hombre-pez de Li谷rganes que andaba por el Cant芍brico
entre los años 1679 y 1690. El caso es que hay
que aceptar que los elementos misteriosos act迆an
de una manera poderosa, en el sentido de la raz車n
por la que este hombre o este ser es condenado a la vida
mar赤tima. En varias circunstancias se considera
que esta vida mar赤tima se debe a la maldici車n
de una madre por causa de desobediencia; es decir, que
nos encontramos con el elemento religioso, m赤stico
o m赤tico si quieren ustedes, de la raz車n
por la que el hombre-pez o, como en otros casos, sirenas
o mujeres acu芍ticas, viven en el medio por causa
de maldici車n materna.
La localizaci車n, la actualizaci車n, vemos,
pues, que es un hecho constante. Podr赤amos meter
tambi谷n en este cat芍logo de localizaciones
fant芍sticas otro tipo de mansiones habitadas, pero
no por muertos ni por fantasmas de este tipo, sino la
cantidad de casas de duendes que hay en España
y que han dado lugar a leyendas muy conocidas en ciudades
como Madrid, Toledo o Valladolid. Y, en este caso, podemos
poner tambi谷n la densidad de creencia en esto que
existe documentada en el Pirineo aragon谷s. El duende
hisp芍nico tiene tambi谷n una forma estereotipada,
tipificada, y se actualiza para siempre con esta forma:
frailecillos, enanillos que van vestidos de frailes, que
llega en la representaci車n hasta las famosas que
hizo Goya. A estas formas aluden, por ejemplo, textos
de Lope de Vega en El castigo del discreto. Es curioso
advertir que as赤 como los interesados en las llamadas
"investigaciones f赤sicas" hallan un fundamento
a la creencia de tales casas que se ha dado como algo
ya cient赤fico, hay otros aspectos que no se consideran
cient赤ficos y, sin embargo, tienen una misma ra赤z
de creencia, como lo que se cuenta acerca de los signos
que caracterizan a las casas de duendes, etc. etc. Vemos,
pues, que hay una tendencia que podemos considerar psicol車gicamente
desde un punto de vista, sociol車gicamente tambi谷n
desde otro, a la actualizaci車n y a la localizaci車n.
Incluso podr赤amos plantearnos en 迆ltima
instancia por qu谷 en España hay tantas casas
de duendes o tantas casas habitadas por fantasmas, m芍s
o menos terror赤ficos, en el acervo legendario de
las ciudades y de los campos, y por qu谷, por ejemplo,
en Inglaterra se ha podido escribir un tomo considerable
con la catalogaci車n de los castillos o iglesias
habitados por fantasmas. Es decir,hay una caracterizaci車n
l車gica en estos temas que ser赤a curioso
ampliar y perfilar con otros casos nuevos.
Ahora vamos a hablar algo de dos hechos que son distintos
entre s赤. Uno es el de la personificaci車n
y otro el de la personalizaci車n; dos hechos que
voy a procurar distinguir. Personalizar ser赤a prestar
existencia individual o de tipo antropomorfo a una abstracci車n.
Ahora veremos, con ejemplo, m芍s clara la significaci車n
de esta definici車n hecha. Personificar es asignar
a determinada persona los rasgos de otra que existi車
antes o se imagin車 antes. Por el primer procedimiento
vemos que han surgido modelos, arquetipos, figuras, que
arrancan de la consideraci車n de estos temporales
como el caso de la personalizaci車n del Tiempo.
En este caso, empezamos por encontrarnos con que los antiguos
ya hacen una figura m赤tica pero con formas humanas,
un anciano que devora a sus propios hijos, que es la personalizaci車n
del Tiempo, que es Kronos o Saturno. Esta personalizaci車n
va unida a mitos terribles, como saben ustedes. Pero,
como otras veces, vamos a dar un salto en las edades y
vamos a dar un salto en el tiempo mismo, y nos encontramos
con que en el mundo cristiano tambi谷n hay esta
clase de personalizaciones, si no iguales a la del Tiempo
en s赤, s赤 otras parecidas. Por ejemplo,
el calendario cristiano fija unas fechas para la Cuaresma
y sobre ellas se determina el per赤odo, el tiempo
del Carnaval, Carnestolendas, Antruejo, es decir, el Introito,
que tiene una significaci車n primaria de "entrada",
"entrada a algo", es decir, la entrada del per赤odo
de la carnalidad, o de la libertad en muchos t谷rminos
al de la espiritualidad, al abandono de la carne en el
sentido moral y religioso y de entrada en una 谷poca
de ayunos, abstinencias, penitencias, que indica la espiritualidad
en el sentido cristiano. Pues bien, es conocido que en
Europa desde 谷poca remota de la Edad Media, tanto
el Carnaval como la Cuaresma se han personificado. Estas
nociones de tiempo han adquirido la forma de una persona
y la de Carnaval se ha representado por un hombre grueso,
comedor, bebedor, lujurioso, representante de la carne
que es, ni m芍s ni menos, el de don Carnal que pueden
ustedes encontrar maravillosamente descrito en el Arcipreste
de Hita; de otro, la de una mujer delgada, ast谷nica,
que es doña Cuaresma. Dos personalizaciones del
tiempo que dan efigies populares, que dan im芍genes
pl芍sticas conocidas, porque no fue el 迆nico,
naturalmente, el Arcipreste el que cont車 la batalla
encarnizada entre el uno y la otra, seguidos cada cual
por huestes distintas, sino que tambi谷n hubo pintores
geniales que los representaron como Breughel el Viejo
en un cuadro famoso. Un ejemplo mejor de personalizaci車n
no se puede dar. Pero todav赤a hay algo que va m芍s
all芍 que es hacer que estos personajes tan simb車licos,
tan atractivos, tan metidos en la conciencia medieval,
en el alma popular, tomen un car芍cter, un trasunto
religioso-burlesco dentro del calendario. Porque del Carnaval,
de don Carnal, hay textos castellanos que hacen un Sant
Antruejo, un santo burlesco, la parodia de un santo en
esta representaci車n o tambi谷n puede darse
que le den otros nombres alusivos a la carnalidad, a la
gula, etc.
Ven ustedes lo que puede significar la personalizaci車n
en el mundo de la leyenda medieval y en el mundo de la
representaci車n del Tiempo. Pero la liturgia cristiana
da lugar a otras personalizaciones, da lugar a personalizaciones
m芍s localizadas, menos famosas que 谷stas,
pero que tienen su inter谷s para hacer el estudio
general de este criterio de personalizaci車n que
quiero que quede claro ahora aqu赤. En la liturgia
nos encontramos una serie de nueve ant赤fonas en
lat赤n que se cantan en los tiempos inmediatamente
anteriores a la Navidad y que en franc谷s llaman
Les O de Noël, por la raz車n de que las ant赤fonas
que, como digo, est芍n en lat赤n, empiezan
con una exclamaci車n y la letras "o",
O radix, O lux, etc., y, como digo tambi谷n, 谷stas
se cantan los d赤as, nueve d赤as, anteriores
a la fiesta. Son nueve ant赤fonas y a esta 谷poca
en franc谷s tambi谷n se le ha llamado la de
Les oleries, es decir, "la 谷poca de la O",
por esta raz車n. Pues bien, hay un 芍mbito
en el norte de Navarra, en mi tierra familiar, en la zona
cercana de Guip迆zcoa, que hasta una 谷poca
relativamente cercana pertenecieron a la di車cesis
de Bayona, a un obispado franc谷s, en la que se
celebra la Navidad con un anuncio. Este anuncio est芍
tambi谷n personalizado por un personaje raro que
es una especie de muñeco grotesco, un carbonero
trag車n, ignorante, bruto, que representa el paganismo,
personaje grotesco que est芍 haciendo carb車n
en el monte en el momento en que se anuncia la venida
de Cristo. Precisamente estos d赤as de Navidad se
personaliza a la figura con el nombre significativo de
olentzaro, olentzero, orentzero; la primera forma est芍
claro que es el tiempo de la "O". Como ven,
aqu赤 hay una personalizaci車n tambi谷n
del tiempo, como se da en el caso de don Carnal y doña
Cuaresma. Cabe encontrar otros ejemplos en Occidente de
esta forma particular de personificar, de darle a un concepto
abstracto la forma de una figura casi carnal o, por lo
menos, una figura humana. En otros mitos tambi谷n
nos podr赤amos basar para encontrar fen車menos
de personalizaci車n de un 芍mbito, de una
谷poca o de una fecha determinada y siempre con
este criterio de localizaci車n. Pero creo que con
estos ejemplos basta para ilustrar el problema y vamos
a pasar, aunque ya nos queda poco tiempo, al otro concepto
que yo distingu赤a: personalizaci車n, de un
lado; personificaci車n, de otro.
La personificaci車n es algo distinto a esta forma
de ir de lo abstracto a lo concreto. Es ir de algo que
es en s赤 bastante concreto, a algo que todav赤a
es m芍s concreto que es la persona en s赤.
Por ejemplo, nos encontramos con cosas, hechos, que en
abstracto podemos considerar que se aplican casi siempre
a personalidades m芍gicas. Pero luego, haciendo
estudio de estos hechos, vemos la necesidad de referirnos
a personalidades concretas y, en un caso, podr芍
ser el marqu谷s de Villena, del que ya hablamos
el otro d赤a, el doctor Torralba, del que tambi谷n
hablamos, de otros magos m芍s oscuros, como Juan
el de Bargota, que es contempor芍neo, poco m芍s
o menos del marqu谷s, del doctor Torralba y a los
que se atribuye siempre algo parecido o lo mismo: el vuelo
extraordinario y en casos tambi谷n, ciertas situaciones.
En el caso del doctor Torralba insinu芍bamos la
posibilidad de que sobre la leyenda cayera tambi谷n
un factor psicol車gico, personal o, si quieren,
psicopatol車gico. En otros casos de personificaci車n
es evidente que este factor psicopatol車gico individual
est芍 claro.
Vamos a coger para terminar hoy un caso muy conocido.
Ustedes saben que desde una 谷poca muy remota existe
la creencia en el jud赤o errante. La figura del
jud赤o errante que aparece como un hombre que en
una ocasi車n 迆nica hace burla de Jesucristo
y est芍 condenado a vagar eternamente por el mundo
a causa de esta burla. Podemos encontrar muchos textos,
o bastantes textos por lo menos, de c車mo en 谷pocas
distintas ha habido rumores de la aparici車n aqu赤
y all芍 del jud赤o errante. Este personaje
en el folclore español tambi谷n toma un nombre
muy significativo que es el de "Juan de vota Dios"
o de "voto a Dios" y el de "Juan de espera
en Dios". El caso es que este Juan o este personaje,
que vive siglo tras siglo y que aparece de vez en cuando,
en el siglo XVI da lugar en España a que aparezcan
personajes individualizados que se hacen pasar por 谷l
o a los que la gente, la comunidad, les atribuye esta
personalidad. En El Crotal車n que est芍 escrito
en 1553, se cuenta un caso de simulaci車n curioso
en el que el autor, quien sea, del libro, compara con
el contado por Luciano de Samoscita de un antiguo simulador
griego, Alejandro de Abonotijos. Pero resulta tambi谷n
que, explorando los procesos inquisitoriales de la Inquisici車n
de Toledo, hace años me encontr谷 con que
en 1546 se form車 un proceso contra un tal Antonio
Rodr赤guez, de Medina del Campo, que tambi谷n
se hab赤a hecho pasar por este personaje misterioso
y eterno y que dio ocasi車n a grandes alborotos
populares. En el siglo XVIII es claro que algunos farsantes,
simuladores de m芍s fama como el conde de Saint
Germain, hicieron lo mismo. Como ven, a veces, el criterio
de personificaci車n est芍 unido a un factor
que podr赤amos llamar de simulaci車n, en el
que puede haber algo que ya entra en un campo que es el
que nosotros no podemos tocar, es el de la psiquiatr赤a,
de la psicopatolog赤a y concretamente con un hecho
que, desde el punto de vista legendario, tiene mucha importancia,
que es la asunci車n de un papel en una situaci車n
determinada y la creaci車n de mitos en torno a esa
situaci車n. Es decir, que, por ejemplo, en la 谷poca
de los procesos de brujer赤a hubo niños y
gente m芍s o menos perturbada por la acci車n
social, que asumieron el papel de v赤ctimas, de
testigos, de actores, en circunstancias legendarias, folcl車ricas,
asistencia a aquelarres, vuelos, etc. etc. Esto est芍
documentado en 芍mbitos culturales distintos por
grandes especialistas en medicina legal, en psiquiatr赤a,
no solamente infantil, en lo que se llaman los fen車menos
de mitoman赤a, que es una forma de mitificaci車n
que se da en procesos criminales, etc. y en las que un
testigo asume una representaci車n.
Como ven, en el estudio de la leyenda que estamos haciendo
hoy particularmente, nos encontramos con fronteras muy
amplias y que dentro de una especialidad no podemos dominar.
Pero con nuestra t谷cnica modesta, puramente human赤stica,
s赤 podemos ver que los fen車menos de personificaci車n,
de actualizaci車n y localizaci車n, son fen車menos
que pueden tener gran importancia en la vida cotidiana
de los pueblos y producir situaciones que son embarazosas,
situaciones equ赤vocas, situaciones que se prestan
a discusi車n fuera incluso de nuestro 芍mbito.
Ya va avanzando el tiempo, tenemos que terminar, y para
el d赤a pr車ximo voy a reservar la discusi車n
o el estudio de algo que es importante tambi谷n,
si no de codificar, de establecer de una manera m芍s
segura de lo que est芍, es decir, qui谷nes
y c車mo se hacen las transmisiones de los hechos
y de las leyendas de una manera sistem芍tica. Creo
que ya con esto podemos dar por terminada esta intervenci車n
m赤a este año. El campo es ampl赤simo,
podr赤an darse much赤simos m芍s ejemplos
y podr赤an estudiarse much赤simos m芍s
temas, pero me ha parecido 迆til seleccionar entre
muchos cientos de ellos los m芍s ilustrativos y
m芍s significativos desde un punto de vista te車rico.
Julio Caro Baroja
Antrop車logo. Madrid