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En las palabras del propio Julio Caro Baroja, «varios y muy distintos temas son los que aqu赤 se tocan, tomando el arte como un 車rgano de conocimiento tan importante como la ciencia, porque nos ilumina de modo fabuloso el mundo de las ideas, creencias y costumbres de los hombres». Estas reflexiones se agrupan en tres partes : en la primera, Caro nos da una amplia visi車n te車rica acerca de la expresi車n pl芍stica ; en la segunda, habla del paisaje y la arquitectura, y del paisaje rom芍ntico español, en la tercera, aborda asuntos art赤sticos varios (los belenes, la caricatura, el costumbrismo) «desde el punto de vista de un etn車grafo modesto», pero, aunque modesto, «el que contempla a las obras de arte (#) observa a veces cosas que acaso ni al artista mismo ni al cr赤tico le interesan demasiado, o que incluso desprecian».


La religi車n.
Un tema de etnograf赤a española


Un cap赤tulo en el que las investigaciones antropol車gicas modernas presentan cierta pobreza, cierta ausencia de trabajos importantes, es el relativo a la religi車n. Las monograf赤as de algunos antrop車logos sociales y etn車grafos reflejan una falta de inter谷s, acaso del propio investigador por prejuicios de opini車n, tambi谷n por falta de cierta cultura al respecto; y en otras ocasiones el problema arranca de la misma pobreza que presenta el grupo social que se estudia en punto a cuestiones religiosas. Esta pobreza puede decirse que est芍 progresando de 1900 a 1984; y el proceso de empobrecimiento es paralelo al que hemos encontrado al referirnos a cosas tales como las t谷cnicas y las artes y la literatura.

El panorama hist車rico y etnogr芍fico se ha achicado hoy en relaci車n con las cuestiones religiosas a grados verdaderamente inveros赤miles, y previamente tendr赤amos necesidad de discurrir un poco sobre este proceso de achicamiento, que adem芍s es un proceso de banalizaci車n, por lo menos de banalizaci車n aparente. Desde el punto de vista antropol車gico es tremendo pensar que ya Nietzsche, hace casi cien años, dijo aquello de: «Dios ha muerto». Mucho m芍s modernamente, Heidegger, de una forma m芍s matizada, dec赤a concretamente que la fe cristiana exist赤a aqu赤 y all芍, pero que en conjunto en la sociedad de nuestro siglo Dios no es un dios viviente, como lo fue en otra 谷poca, no es un dios viviente a la larga. Pues bien, los antrop車logos tienen, tenemos ante nosotros, este hecho dram芍tico de la falta de fe en la existencia de Dios, de la creencia en Dios, en muchos grupos sociales; y de este hecho dram芍tico y de esta realidad que existe en España como en otras partes, no hemos hecho ninguna reflexi車n importante, hemos seguido con nuestros encajes de bolillos y no nos hemos ocupado para nada de esta cuesti車n tan dram芍tica, como es que pueda haber, no ya en las grandes ciudades, en las concentraciones urbanas, una sociedad atea o que no tenga inter谷s por estos problemas; sino que tambi谷n esto llegue a las comunidades no urbanas y se convierta en una trivializaci車n, una banalizaci車n. Sin embargo, todos tenemos conciencia, a poco que leamos libros de etnograf赤a, de folclore, de historia, de que la religi車n ha sido el motor m芍s fuerte de la vida social hasta hace poco. Nos encontramos que, para bien o para mal, la religi車n daba grandes consuelos a los hombres, produc赤a grandes luchas y que toda una serie de disciplinas cient赤ficas que se desarrollan sobre todo en el siglo XIX nos hablan de una ciencia de las religiones en concreto, de una historia de las religiones y de una sociolog赤a de las religiones, con lentes grandes que ahora tendr赤amos que sustituir por unas m芍s pequeñas.

¿Qu谷 sabemos de la religi車n y de la religiosidad en los grupos sociales observables en España hoy?, porque de documentos hist車ricos, de documentos en el tiempo, tenemos una cantidad casi excesiva -monstruosa-, desde los archivos inquisitoriales hasta los archivos eclesi芍sticos de todas las di車cesis, obispados, catedrales, desde tiempos antiguos. En antropolog赤a, hoy, esto se ha minimizado, y nos encontramos con que no tenemos una idea clara m芍s que de conceptos generales, una idea muy oscura de la aplicaci車n de estos conceptos generales a nuestro caso espec赤fico de la etnograf赤a y antropolog赤a española. Tenemos ideas generales sobre la religi車n cat車lica como la expresi車n de una forma com迆n y extendida de religiosidad, que tiene como todas, tres manifestaciones o partes fundamentales, en teor赤a: una parte dogm芍tica, una parte narrativa y una parte ritual. Estas partes siempre en el pueblo se han desarrollado de formas muy irregulares y muy distintas entre s赤; porque la limitaci車n del conocimiento de lo dogm芍tico ha sido siempre mayor que la limitaci車n en lo narrativo o en lo ritual; pero hoy, el conocimiento es mucho menor que en siglos pasados, porque en siglos pasados hab赤a muchas v赤as de divulgaci車n, que llegaban hasta el pueblo, del conocimiento de la religi車n cristiana y cat車lica. Tenemos nada menos que una literatura, casi desconocida en absoluto por los cr赤ticos literarios e historiadores de la literatura, que es el serm車n, el sermonario. Sabemos algo de los grandes oradores sagrados del siglo XVI (Fray Luis de Granada), los que hac赤an los libros de ret車rica sagrada, los modelos en todo este orden que son los cl芍sicos de la literatura sagrada española. Pero, de la cantidad de explicaciones que se daban, no a la gente culta de las ciudades, a los hombres de letras, a las personalidades que pod赤an tener una cultura superior, sino al pueblo; de esto tenemos una idea muy pequeña y muy pobre, porque es forzoso decirlo- la lectura de los sermonarios no es lo m芍s placentero que hay. Es decir que se pueden leer m芍s f芍cilmente comedias o textos que tengan cierto valor literario yque nos atraigan porque nos llaman a la imaginaci車n, pero lo que era capaz de o赤r un español del siglo XVIII en un serm車n de pueblo, en Fray Gerundio de Campazas est芍 bien expresado, eran unas cosas tan imposibles de pensar que hoy lleguen a la generalidad de las gentes, que esto es ya un motivo de sorpresa.

Otro elemento que tampoco puede considerarse fuerte hoy en la vida popular es la lectura de libros de santos o de biograf赤as de personas que aspiraban a la santidad. Esta bibliograf赤a es tambi谷n enorme y nos da unos arquetipos, unos modelos de fe religiosa que las gentes populares han tenido, es decir, que estas biograf赤as de monjas milagreras, de ascetas, de monjes que ten赤an fama en un grupo limitado de una comunidad, como pod赤a ser en Valencia, en Cataluña, en Castilla, es algo que tambi谷n en nuestro siglo se ha barrido y no es m芍s que una memoria -si es que la hay- en el pasado, muy dif赤cil de reconstruir y seguir.

Todav赤a tenemos toda esa literatura popular, popular赤sima, que eran las comedias de santos, las comedias con grandes tramoyas, en las que los santos aparec赤an realizando los milagros ante el p迆blico, con trucos escenogr芍ficos que hasta el siglo XIX eran populares -no hab赤a fiesta de pueblo un poco importante que no las tuviera- y que hoy son tambi谷n algo del pasado, algo de lo que no tenemos ni idea remota de la importancia que ha tenido.

Es decir, que para entender las partes dogm芍tica y narrativa de lo que ha sido la religi車n hay aqu赤 un hiato, una falla enorme, en nuestra concepci車n, en nuestra visi車n de antrop車logos actuales. Esto mismo se puede reducir a una literatura todav赤a mucho m芍s popular, m芍s hecha para el pueblo, que es la literatura de los pliegos de cordel, en la que constantemente est芍n gravitando sobre las personas y los temas, los milagros, las intervenciones de la Virgen, etc.

Nos encontramos, pues, con un empobrecimiento total, desde comienzo de siglo hasta hoy. La limitaci車n de los conocimientos de las partes dogm芍tica y narrativa ser赤a necesario suplirla por grandes investigaciones de tipo bibliogr芍fico y haciendo an芍lisis de los conceptos que al pueblo le han podido llegar por esta v赤a oral: serm車n, recitaci車n, teatro, etc. Posiblemente lo que quede todav赤a m芍s vivo, con m芍s vigencia, son ciertos aspectos de la vida religiosa en lo ritual: los ritos. Los ritos de la iglesia y los que est芍n pegados a ella.

Es evidente que, a lo largo del año, las fiestas, las grandes celebraciones siguen teniendo, en pueblos, villas y ciudades, una vigencia mucho mayor y son m芍s visibles, m芍s estudiables. En cualquier monograf赤a antropol車gica sobre una comunidad rural puede haber un cap赤tulo bastante desarrollado sobre las fiestas del año, las ceremonias a que dan lugar, etc. Pero, esto tambi谷n, hoy en el mundo moderno, tenemos que estudiarlo desde un punto de vista algo distinto al pasado, porque en esta parte ritual de la religi車n es claro que, en muchas grandes ciudades y en pueblos, se observa el efecto de la comercializaci車n y del turismo, que es un efecto distinto a lo que era en su origen; es un efecto propio de nuestra 谷poca, pero no el cl芍sico que ten赤an estas celebraciones.

As赤 que tenemos aqu赤 una figura de lo que es lo religioso y esto da ocasi車n a que las encuestas que se han hecho desde dentro de la iglesia por sacerdotes, por gentes interesadas en el problema desde el punto de vista de la fe profesional, de su creencia, den unos resultados que son muy problem芍ticos, en relaci車n con la fe religiosa en conjunto. Hace algunos años, unos amigos m赤os, sacerdotes, hicieron una encuesta sobre la fe tal como se presenta en Navarra -no es una encuesta antropol車gica sino una encuesta hecha por personas de la religi車n- y se encontraron con unas figuras de fe que son completamente imposibles de meter en el mundo tradicional dogm芍tico de la iglesia cat車lica. Por ejemplo, se hac赤a una pregunta acerca de la creencia en la existencia de Dios y a esta pregunta contestaba afirmativamente una porci車n enorme de la masa interrogada, un noventa y tantos por ciento cre赤a en Dios; pero luego, parad車jicamente, se hac赤a algo parecido en relaci車n a otros aspectos dogm芍ticos de la religi車n y ah赤 la cifra ya no era la misma, lo cual quiere decir que la religi車n estaba en una especie de situaci車n comprometida en su totalidad o en su esquema general. Es decir, que si se preguntaba sobre la creencia en el diablo, la estad赤stica bajaba de una manera terrible. En conjunto, en esta encuesta, que es muy interesante y que los antrop車logos no han utilizado, se ve赤a que el hombre moderno en este orden, y estando dentro de un esquema, como es el esquema religioso cat車lico, cree, o cre赤a, en lo que le conviene y en lo que no le conviene no, cosa que verdaderamente es chocante, pero que es as赤. Por ejemplo, se hablaba de la creencia en la inmortalidad del alma y en esto s赤 cre赤an muchos; en la creencia en el infierno, menos. Esta especie de configuraci車n de la creencia en la sociedad actual es algo que, desde el punto de vista antropol車gico, es fundamental, pero, como sigo diciendo, los antrop車logos seguimos haciendo encajes de bolillos y ocup芍ndonos de lo secundario y no de lo principal, siendo 谷ste uno de los temas principales de la antropolog赤a moderna.

Tenemos otro asunto que est芍 relacionado con 谷stos, la forma de la fe religiosa que se da en la vida urbana y en la vida rural. Estas dos expresiones son fundamentales y aqu赤 no vamos a hacer una distinci車n sociol車gica m芍s o menos aproximada sobre lo mucho que se ha dicho de que la vida urbana produce una mayor falta de fe y la vida rural mantiene ciertas formas de fe, porque esto ser赤a banalizar, trivializar y convertir la respuesta en una cosa de antemano pensada o sabida. Tenemos que investigar m芍s en esta dicotom赤a, en esta diferenciaci車n, porque en este mundo -son cosas que aparecen a veces como con un aire muy ligero y muy superficial- por alguna causa (que no est芍 bien estudiada y que tampoco ni los antrop車logos ni los soci車logos nos dicen), no encontramos una raz車n para que algo tan antiqu赤simo, tan precristiano y tan anticristiano como es la fe en la astrolog赤a, hoy, en todas las grandes ciudades del mundo y en todas las sociedad urbanas tenga representaci車n y expresi車n. Pueden ustedes decir que el que aparezcan hor車scopos en los peri車dicos y en las revistas es una banalidad, es una an谷cdota, un juego como el de los crucigramas o algo por el estilo; pero esto tambi谷n lo decimos a priori. No sabemos bien qu谷 es lo que pasa en las conciencias de la gente cuando hoy en el mundo, m芍s en la ciudad que en el campo (esto siempre ha sido m芍s urbano que campesino), nos encontramos con que la fe astrol車gica tiene su expresi車n, y que esta expresi車n ¿no nos llevar芍 a pensar que los que la manifiestan est芍n metidos en la lucha filos車fica entre los fatalistas y los que piensan en el libre arbitrio? Mucha de esta gente no tiene la menor idea acerca del enorme drama que hay entre la fe astrol車gica y la fe cristiana, no saben nada respecto a la contradicci車n que puede haber en la creencia en un hado, un fatum, y la creencia en el libre arbitrio, porque en realidad estos problemas son para el hombre moderno otros tantos par谷ntesis, surgen: surge la fe astrol車gica en un momento dado, como surge la fe en Dios en otro o la falta de fe en el diablo por otro, pero todo est芍 falto de la estructura, de la trama fundamental que ten赤a en otros siglos. Estamos en un momento de desintegraci車n de todos estos pensamientos, como nunca se ha podido imaginar. ¿Efectos del racionalismo? En parte s赤, en parte no, porque la fe astrol車gica es no s車lo anterior a la fe cristiana sino a toda idea de pensamiento racional sobre la libertad del hombre.

Tambi谷n podemos pensar que, en la vida urbana, todav赤a hay una parte de fe en las t谷cnicas adivinatorias antiguas. Todos sabemos que, por las calles o en ciertos rincones, hay gentes que se dedican a la quiromancia, que es una cosa muy antigua y que est芍 corrientemente tambi谷n banalizada en el hecho de que el joven o la chica le pregunten a la gitana la observaci車n de la mano. Pero el estudio de las artes adivinatorias en una forma no anecd車tica es tambi谷n un estudio que est芍 fuera de la investigaci車n real, y otro tanto puede decirse sobre las pr芍cticas populares de brujer赤as y hechicer赤as, acerca de las que la sociedad moderna tiene una curiosidad un poco morbosa. Cuando yo escrib赤 un libro sobre las brujas y otro sobre las vidas m芍gicas y la Inquisici車n, lo hice en una 谷poca en la que la carne de bruja y de inquisidor estaba m芍s barata que ahora, no hab赤a tanto inter谷s morboso como hay hoy por estos temas. No cabe duda de que este inter谷s por cuestiones de este tipo, relacionadas con magias, satanismo, etc., indica un hecho que en antropolog赤a, en etnograf赤a, no est芍 estudiado. Como tampoco hay unas buenas informaciones (y sigo con el problema sobre todo de las sociedades urbanas) de cu芍l es la situaci車n real de las comunidades protestantes de tradici車n vieja en España, que hay y parece que no existen y no interesan; de cu芍l es el sentido de la penetraci車n de ciertos grupos nuevos religiosos, ex車ticos, en el pa赤s. Yo en conjunto, haciendo ayer el gui車n de esta intervenci車n, ve赤a que en nuestra disciplina hemos dejado a un lado cosas de una importancia enorme, para dedicarnos a cosas de una importancia tal vez secundaria, pero que son m芍s f芍ciles de seguir con un m谷todo ya dado y con un procedimiento escol芍stico, el que sea.

Si del mundo urbano vamos al mundo rural, nos encontramos con una situaci車n muy distinta seg迆n las diferentes partes de la Pen赤nsula. Porque no cabe duda de que la zona norte en conjunto ha sido una zona en la que se han conservado m芍s hasta nuestros d赤as -por lo menos hasta los d赤as de las personas de mi edad- una cantidad de creencias que tocan a la parte narrativa no de la religi車n cat車lica, sino de algo que es lo que podemos llamar los sistemas m赤ticos. El mito, para mucha gente de hoy, es algo opuesto a la realidad. Esta es una concepci車n que arranca del racionalismo de los griegos, cuando empiezan a hacer la cr赤tica de sus propios mitos, empiezan a considerar que las f芍bulas, lo que cuenta Homero, o los poetas y los tr芍gicos, es algo que atenta a la dignidad de lo que puede considerarse que es un dios. Esta especie de negaci車n de la realidad del mito la aprovechan los cristianos, y despu谷s en el mundo del positivismo moderno, de la filosof赤a del siglo XIX, se sigue utilizando la idea del mito como opuesto a la realidad, como algo equivalente a f芍bula, a cuento, a relato, frente a lo que es la raz車n y la historia, que son la realidad, el logos. Pero esta posici車n es intelectualista; tanto en los griegos y en los cristianos hab赤a intereses particulares para presentar el mito desde este punto de vista, como en los racionalistas del mundo moderno.

En el mundo campesino, en el mundo que yo todav赤a he podido estudiar en algunas comunidades de la tierra de Navarra, o en algunas otras regiones donde he hecho pequeños sondeos y otras personas mayores que yo, que lo han hecho con m芍s intensidad, nos encontramos con que esto, el mito en s赤, es una parte de la realidad, de la vida del mundo, que tiene en s赤 misma tanta realidad como puede tener un animal, una planta o un monte; es algo que est芍 metido en la realidad. A veces lo que pasa es que unos han pensado que 谷sta era una realidad del pasado, muchas personas en el mundo campesino cuentan estos relatos, estas tradiciones, como si fueran sucedidos reales pero traspasados al pasado. Para otros, sin embargo, todav赤a es realidad del presente, algo vigente hoy d赤a. Esta representaci車n distinta del mito como realidad pasada o presente es algo que no est芍 del todo bien analizado en los libros, como tampoco est芍 bien analizado el modo como el mito puede estar viviendo al lado de la creencia religiosa dogm芍tica. Porque la religi車n cat車lica, cristiana, es la que ha considerado siempre que estos mitos son expresiones de la falsedad y de lo no existente, y, sin embargo, para el hombre que vive en el campo y que en parte es creyente y cat車lico, el mito sigue siendo algo que no es falsedad ni relato, sino que existe y que explica una parte de la realidad. Si hacemos un recuento de los mitos que pueden darse en tierra vasca, que es un poco particular, o mitos que se pueden dar en la Montaña de Santander, o en Asturias o en Galicia, que a mi juicio son las zonas en que la representaci車n m赤tica del mundo es mayor, nos daremos cuenta de que muchos de ellos existen en funci車n de fen車menos naturales, de paisajes muy concretos, que no tienen ese car芍cter de universalidad que puede tener un mito griego antiguo o una concepci車n de una religi車n absolutamente vigente en todas sus partes. Es una concepci車n fragmentada, limitada, de algo que es natural, verdadero, pero que est芍 achicado en su contorno, por lo mismo que tiene un contorno distinto alrededor que es la fe religiosa, la fe cat車lica.

Los mitos se dan como una parte de la realidad, no s車lo en funci車n de los or赤genes, sino tambi谷n en funci車n de los hechos de la vida cotidiana, y esto hoy es m芍s dif赤cil de seguir que en otras 谷pocas. Pero si, para un hombre moderno, o para un hombre ya racionalista del siglo XVIII o XIX por ejemplo, la creencia en duendes es una f芍bula o una superstici車n -un mito en el sentido racional de la palabra-, para la gente que a迆n vive (hay casos en el Alto Arag車n y en otras partes) que cree en la existencia de estos seres, de casas habitadas, de otras representaciones, que para nosotros son falsas o no existentes en la forma que pensamos que es la realidad, es evidente que el mito tiene una corporeidad, una raz車n, que no es la que nos da la interpretaci車n griega, ni cristiana, ni racionalista. Es algo que hay que estudiar en s赤, pero, ¿qui谷n lo estudia?, pues en esto los folcloristas del siglo pasado hicieron mucho m芍s que los antrop車logos del siglo XX, claro que ten赤an m芍s materiales par hacerlo. Pero aqu赤 -y como ven ustedes estoy haciendo un 赤ndice anal赤tico de fallos de nuestra investigaci車n-, aunque no ser芍 f芍cil de llenar ya, por el mismo deterioro de nuestra idea, un poco de an芍lisis de algunos mitos explicativos, de algunos mitos naturalistas en relaci車n con las sociedades y las poblaciones que hoy queden con caracteres m芍s tradicionales, se podr赤a hacer, porque no se ha hecho. No se ha hecho porque tambi谷n en alg迆n aspecto en los antrop車logos pesa este criterio de racionalismo decimon車nico y quieren explicar estas cuestiones en funci車n de ideas propias de ellos y no del pr車jimo (las supervivencias y todos estos vocabularios de los que habl芍bamos en otra ocasi車n).

Tendr赤amos que volver a estudiar no solamente esto sino otros conceptos que tocan otra vez a la religi車n cristiana y a la religiosidad del hombre, en funci車n del cristianismo y concretamente del catolicismo. Los antiguos te車logos españoles, que hoy son muy poco le赤dos, pero que para el conocimiento de la historia del pensamiento español y del desarrollo de la historia de España son lecturas fundamentales, hac赤an una distinci車n fundamental en la teolog赤a cristiana. Hab赤a una parte especulativa -el conocimiento de Dios en s赤 mismo- y una parte pr芍ctica, que era otro aspecto que hoy tambi谷n los antrop車logos nos hemos comido, lo hemos dejado un poco de lado con nuestras reglas de m谷todos sociol車gicos, etc. Es el estudio 谷tico, en relaci車n con la creencia religiosa o con algo que no es creencia religiosa, de esta parte pr芍ctica que dec赤a fray Luis de Granada que es el estudio de los vicios y de las virtudes de los hombres espec赤ficamente, objetivamente.

En una novela o relato antiguo, esta divisi車n del hombre como un ser con vicio y con virtud era una cosa clara, distinta y evidente. No hay m芍s que ver cualquier comedia cl芍sica para verlo. Pero, en el hombre moderno, este aspecto de la parte pr芍ctica de la religi車n y del estudio de los vicios y las virtudes se ha sustituido por otros conceptos que se consideran m芍s cient赤ficos pero que sin embargo no nos evitan el tener que analizar el problema del bien y del mal, considerados como aspectos fundamentales de la 谷tica y la sociolog赤a del hombre. ¿Qu谷 es el bien, qu谷 es el mal para una comunidad actual, sea urbana o r迆stica? Si empieza uno a buscar bibliograf赤a un poco segura y un poco objetiva sobre este tema, se encuentra con que no hay, no hay m芍s que banalidades, m芍s que pequeñas suposiciones.

En esto volvemos a la pregunta primera respecto a qu谷 significa la expresi車n de Nietzsche: Gott ist tot (Dios ha muerto) y hasta qu谷 punto podr赤amos pensar en que, en el mundo contempor芍neo, ha muerto tal vez m芍s todav赤a el diablo. La conciencia popular de Dios tiene su dimensi車n propia hoy, la conciencia popular del diablo tambi谷n tiene que tener una dimensi車n propia. Pero en realidad se intuye, se prev谷 que son dos conceptos, si quieren ustedes, nada m芍s que dos conceptos que los soci車logos y los antrop車logos tienen completamente abandonados y que, sin embargo, hay que volver a estudiar, hay que volver a ajustar a una visi車n, porque puede haber incluso proyecciones de lo religioso a lo estrictamente laico. Todos sabemos que, en el mundo moderno de la vida religiosa y de los conceptos relacionados con la religi車n, se han trasladado muchos conceptos a la vida pol赤tica y a lo que no es religioso. Es decir, que ideas sobre el bien y el mal las tiene mucha m芍s gente que la que tiene ideas sobre el problema de la existencia de Dios o del demonio.

De todas maneras, aqu赤 nos encontramos con la necesidad de un nuevo an芍lisis que tendr赤a que abarcar los temas sociol車gicos con relaci車n a la organizaci車n social, las representaciones colectivas dentro de esta organizaci車n y los elementos que han quedado dentro de nuestra vida cotidiana actual de todas aquellas teor赤as antiguas acerca de la significaci車n moral de los estados, de los hombres, no s車lo en relaci車n con la moral del campesino, sino tambi谷n del mercader, del soldado, del juez o del hombre de leyes, de los hombres pudientes por razones espec赤ficas de nuestra 谷poca y, en fin, la moral de los grandes pr赤ncipes y las personas que est芍n a la cabeza de los pueblos. Esto tampoco ha sido objeto de un examen o an芍lisis valioso; probablemente hay razones para pensar que, en la representaci車n colectiva que tiene el hombre moderno respecto a personas que no son de su clase social o de su estado, gravitan muchas ideas antiguas y muchos lugares comunes heredados. Lo que pasa muchas veces tambi谷n es que estos lugares comunes heredados no se sabe cu芍l es su origen, se dan como algo existente, pero el origen o la justificaci車n racional primera de por qu谷 se cree esto no est芍 aclarada; y, por lo tanto, es algo en lo que nos encontramos un campo inmenso de investigaci車n, si nos planteamos la exposici車n de la idea de Dios en la sociedad moderna. Un campo enorme, si nos planteamos la posici車n de las creencias antiguas no cristianas, en relaci車n con temas tales como la predestinaci車n, el valor de las artes adivinatorias, de la astrolog赤a. Un campo de investigaci車n enorme tambi谷n, si en cada regi車n de España queremos obtener una figura real de cu芍l es la representaci車n colectiva que hay de la religi車n en s赤 (ese caso de Navarra se puede extender a muchas partes y profundizar desde un punto de vista antropol車gico). Luego nos encontraremos tambi谷n con que a迆n se puede hacer alguna investigaci車n bastante original en relaci車n con la concepci車n de los mitos, donde existan, y el papel que tiene en la vida moral del hombre español actual esta herencia difusa, no bien conocida, de las reglas que daba la teolog赤a cristiana en su parte pr芍ctica, en este an芍lisis minucios赤simo que hicieron los casuistas en su 谷poca, sobre todo en los siglos XVI y XVII, de los vicios de los hombres como tales.

Esto, como programa antropol車gico, creo que vale tanto como los estudios sobre tecnolog赤a o sobre reg赤menes sociales y econ車micos, o sobre organizaciones de tipo social en relaci車n son los oficios, que son los que nos llevan el mayor tiempo y la mayor preocupaci車n. Porque, en suma, cuando se toca este problema de las creencias, de la religi車n, es cuando vemos que hay una falacia grande en estas divisiones por asignaturas, como puede ser la divisi車n aceptada y ya convertida en dogma entre la antropolog赤a social y la antropolog赤a cultural. La antropolog赤a social puede ser un aspecto sociol車gico, el estudio de ciertas reglas sociales, y la antropolog赤a cultural puede tener tambi谷n una limitaci車n en el estudio de tecnolog赤as y artes industriales y oficios; pero cuando se toca es problema de la fe y de la creencia y de c車mo todos los elementos de la vida del hombre est芍n constituidos en funci車n una fe o de una falta de fe, entonces esta divisi車n, que parece tan pedag車gica, tan clara, y que en s赤 puede parecer que est芍 bien como asignatura, nos deja fuera una cantidad enorme de investigaci車n. Porque hoy, aqu赤 y fuera de aqu赤, hay un peligro grande, que es el de confundir las reglas o el m谷todo de la enseñanza, para el cual el dividir el conocimiento humano en asignaturas es 迆til, con el m谷todo de investigaci車n, en el cual la asignatura es como un cors谷, es algo que no nos sirve, no nos llena, no nos cumple, porque hay unas interrelaciones, que no son esto de los trabajos interdisciplinarios que hacen los profesores en sus c芍tedras, uniendo un estudio de sociolog赤a con otro de econom赤a, etc., sino que es la materia del conocimiento en s赤 la que est芍 unida y la que no podemos dividir en estas formas tan pedag車gicas y tan comunes. Hay que romper a veces el m谷todo de la enseñanza y volver a ver las cosas en s赤 mismas, y sobre todo verlas, a lo mejor, con unos ojos que no son precisamente los de nuestra visi車n cient赤fica del mundo moderno, sino que hay que reconstruir unas visiones en las que estos esquemas, estas reglas de investigaci車n que nos han impuesto no sirven m芍s que para ofuscarnos e impedirnos ver unas realidades, como son todas 谷stas.

Hoy puede decirse que de una gran parte de la investigaci車n antropol車gica moderna todo esto que he expuesto ahora, de una manera un poco torpe y sin los debidos apoyos, es algo que no tiene demasiada importancia; y sin embargo, dentro de la vida hist車rica del pa赤s es algo primordial. En esto pasa igual que con el estudio del arte popular en relaci車n con la literatura, y con algo que ya es m芍s problem芍tico, que es la posibilidad de hacer un an芍lisis de si existe o no una filosof赤a popular, que no es lo mismo que una sabidur赤a popular.

En fin, hoy creo que he tratado la parte m芍s problem芍tica que ten赤a ante mi en este curso, y lo que desear赤a es que ustedes, si tienen alguna duda u objeci車n, la hicieran individual y particularmente, porque para m赤 el problema fundamental que hoy tenemos es el achicamiento del estudio de la etnolog赤a y de la antropolog赤a española, por excesivo dogmatismo de c芍tedra.

 

Julio Caro Baroja
Antrop車logo. Madrid

 

 

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