Conversaciones en Itzea
Francisco J. Flores Arroyuelo (FFA). A la ciencia
tambi¨¦n hay qui¨¦n le da un tratamiento de
superstici¨®n.
Julio Caro Baroja (JCB).
Pues s¨ª. En la idea que respalda al desarrollo
de la ciencia hay como un impulso de dominio. Eso se ve
en Bacon y en los primeros hombres de ciencia que como
tales ya circulaban en la Europa del siglo XVI. En el
siglo XVIII, la ciencia se nos muestra como una utop¨ªa
que est¨¢ al alcance del hombre y en la que puede
mostrar su superioridad al tiempo que relegaba a la religi¨®n
a un segundo plano. En el siglo XIX, lo que sucede es
que la ciencia alcanz¨® grandes descubrimientos
que pudieron ser aplicados en soluciones a padecimientos
que la humanidad ven¨ªa arrastrando de siglos, y
se la quiso trascender hasta otorgar al que la cultivase
como un valor moral. Luego, en el siglo XX, hemos visto
que todo esto era una ilusi¨®n, un t¨®pico
m¨¢s. La utilizaci¨®n arbitraria de las ciencias
llamadas Humanidades condujeron a ideas monstruosas como
el fascismo..., y en las otras, c¨®mo la f¨ªsica,
pues lo mismo, llev¨¢ndonos a la obtenci¨®n
de la bomba at¨®mica y otras lindezas destructoras
que est¨¢n guardadas en arsenales, y por lo que
parece, las que tiraron en Jap¨®n son ya cosas con
las que pueden jugar los niños. La ciencia como
ciencia, como fuente de conocimiento, est¨¢ bien,
pero el uso que se hace de ella ya, verdaderamente, es
otra cosa porque ah¨ª entran en el juego unos intereses
y ego¨ªsmos muy particulares. La ciencia ha pasado
a estar al servicio del dinero y en manos de los pol¨ªticos
que lo ¨²nico que buscan es dominar y hacer uso
de un poder que imaginan que beneficia a la humanidad
por el hecho de ser algo que pueden conceder. El resultado
est¨¢ ah¨ª. El pol¨ªtico, en la democracia,
por lo general, es un hombre que tiene una mirada a muy
corto plazo, el tiempo que media entre unas elecciones
y las siguientes en que se puede ir a su casa, y entonces
todo queda en funci¨®n de unos resultados inmediatos.
Y en las dictaduras, que no hay estos plazos, el resultado
es un encorsetamiento idiota del que no se puede uno librar
nunca. Los pol¨ªticos se han atribuido el poder
sobre la ciencia administrando el procedimiento, la t¨¦cnica,
por la que pueden maniobrar en busca de un modelo de sociedad
que bien mirado da miedo. Hoy ya estamos cansados de ver
que la ciencia y su aplicaci¨®n pr¨¢ctica
por medio de la t¨¦cnica lleva a una falta de libertad,
a una serie de dependencias absurdas, a un alejamiento
de la naturaleza..., y a una destrucci¨®n m¨¢s
o menos sistem¨¢tica del mundo, lo que, por otro
lado, se contempla como algo normal, como una consencuencia
natural propiciada por una especie de fatalismo.
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FFA. Una cosa muy curiosa es que estos mismos
pol¨ªticos no paran de proporcionar los medios
que hacen posibles que se celebren congresos en
los que los cient¨ªficos entonan el mea culpa y
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pasan aviso de los peligros que est¨¢n a la vuelta
de la esquina si seguimos por donde vamos. Luego, los
periodistas hacen su campaña de orientaci¨®n
e informaci¨®n, y despu¨¦s se hace el silencio
hasta que de nuevo parece que debe soltarse otro globo
sonda. Lo del ozono est¨¢ ah¨ª, con unas consecuencias
que pueden ser las del fin del mundo si se hace caso a
gran parte de la informaci¨®n..., pues nada, de
pronto se habla mucho, y de pronto desaparece de los peri¨®dicos,
de la televisi¨®n... Se habla cuando interesa a
los dueños de la informaci¨®n, el dinero
o los pol¨ªticos... Y por otro lado, la ciencia
ha hecho que el hombre jam¨¢s haya estado tan vigilado
como ahora. Todo est¨¢ controlado, seg¨²n
unas estad¨ªsticas que dan a conocer los resultados
de una elecci¨®n pol¨ªtica antes de que ¨¦sta
se convoque. Todo est¨¢ controlado y guardado en
unas m¨¢quinas, desde las cuentas corrientes, hasta
el tel¨¦fono, pasando por los periodistas que postulan
el principio de que no hay vida privada..., luego, lo
que se da para conocimiento general se le llama informaci¨®n,
aunque no pase de un chismorreo que, por otro lado, es
lo ¨²nico que parece que interesa.
JCB. La informaci¨®n, por
obra y gracia de la ciencia, ha pasado a ser una propaganda
suministrada seg¨²n determinadas dosis, lo que la
convierte en orientaci¨®n o adoctrinamiento. Todo
esto ya lo vieron venir en el siglo XIX hombres como Bergson,
y tambi¨¦n se dijo en campos como la econom¨ªa,
la f¨ªsica... Ahora se habla de que la humanidad
va a una especie de suicidio, y puede ser cierto..., pero
ante esto saltan los optimistas, los consumistas, los
que dicen que no hay que preocuparse porque el ingenio
humano sabr¨¢ encontrar otras fuentes de energ¨ªa
cuando las que estamos despilfarrando se agoten.
FFA. A veces la lectura de los peri¨®dicos da
la sensaci¨®n de que estamos ante unas noticias
que vistas en conjunto describen una especie de locura
colectiva. La econom¨ªa ha impuesto unas formas
de vida que descansan en el cr¨¦dito, en lo que
se ha de producir y ganar en el futuro que est¨²pidamente
se considera como algo que est¨¢ programado y libre
de imprevistos. Los imprevistos son cosas de un presente
que pueden ser solventados sobre la marcha. Antes, el
hombre viv¨ªa sobre un presente que se hac¨ªa
pasado de una manera perezosa, de ah¨ª la importancia
de las genealog¨ªas, de las limpiezas de sangre...,
que pueden parecer preocupaciones como indecorosas, pero
lo de ahora, bien mirado, no es mucho mejor, ahora hay
que hacerlo con un pie en el futuro. A lo mejor, vivir
en el presente, para alg¨²n te¨®rico de la
econom¨ªa, es la ruina. Con la valoraci¨®n
del pasado del hombre y su manera de expresarlo, la Historia,
sucede algo parecido.
JCB. Hay como una especie de huida
hacia delante. El hombre y el dinero est¨¢n entregados
a la t¨¦cnica que les hace entrar en esa especie
de v¨¦rtigo absurdo. El tiempo se queda corto. Las
unidades como el d¨ªa, el mes..., parece que tienen
unas dimensiones que deber¨ªan ser ampliadas. La
Historia ha quedado como un montaje m¨¢s o menos
acertado que sirve para que los optimistas de turno se
miren en ella y dictaminen que es la maestra de la vida,
como si en ello se encontrase tambi¨¦n la soluci¨®n
del laberinto en que est¨¢ metida la humanidad.
Sin embargo, s¨®lo la vida es maestra de la vida.
FFA. Y luego est¨¢ el dinero.
JCB. Jam¨¢s ha estado el hombre tan entregado
al Becerro de Oro como en nuestro tiempo. Todo el mundo
vive en un estado de necesidad por el dinero, que es algo
verdaderamente rid¨ªculo y que no podemos llamar
codicia, porque se nos queda corto. Una esclavitud total.
Y en los j¨®venes, todo esto del dinero, que lo
tienen como motivo de conversaci¨®n, es indigno.
FFA. Los j¨®venes viven
en un estado de necesidad en todo esto.
JCB. S¨ª, en muchos casos hay como un sentimiento
de que es un derecho que tienen, aunque para ello deban
saltar por encima de media humanidad. No falta el monstruo
que le echa en cara a sus padres si no lo tienen. El dinero
y la ciencia unidas..., menudo panorama.
FFA. Hoy la ciencia es vista con
recelo por muchos. La aparici¨®n de asociaciones
que tratan de que el hombre no pierda su contacto con
la naturaleza est¨¢ motivado, por esto?
JCB. S¨ª, pero muchas de esas tienen un tinte
pol¨ªtico que las desgracia. Yo no quiero energ¨ªa
nuclear en mi parcelita, pero s¨ª en la de los dem¨¢s,
y que me la suministren a buen precio. Si hay problemas
con la central de Santa Mar¨ªa de Garoña,
que lo sea para los castellanos, para los del Ebro, pero
que llegue a Bilbao bien barata. As¨ª no puede ser.
La ciencia, hoy, m¨¢s que otra cosa, lo que produce
es miedo y desconfianza. Cuando Heidegger dijo que la
t¨¦cnica estaba por encima del hombre, llevaba mucha
raz¨®n. La m¨¢quina ha terminado imponi¨¦ndose
al hombre que de ser racional tiene bastante menos de
lo que cabe imaginar.
FFA. El hombre, verdaderamente, como deb¨ªa ser
definido, si es que las definiciones sirven para algo,
es como ser depredador. Y ahora estamos en el momento
de lo que antes o despu¨¦s va a producir la ingenier¨ªa
gen¨¦tica, un campo de conocimientos t¨¦cnicos
que pueden tener unas aplicaciones sumamente ¨²tiles
en el hombre y en la medicina, pero que al final, aunque
haya muchos c¨®digos ¨¦ticos, no faltar¨¢
el que caiga en la tentaci¨®n de crear monstruos
¨²tiles a lo Frankenstein, y se armar¨¢. Va
a ser algo parecido a lo que hacen los fabricantes de
armas qu¨ªmicas, que seg¨²n dicen, las hacen
para no utilizarlas porque est¨¢n prohibidas.
JCB. El hombre tiene la man¨ªa
de transformarlo todo porque as¨ª discurre que alcanza
poder, que tiene poder. El hombre cree que as¨ª
domina lo que existe. Lo que dec¨ªamos antes.
© Francisco J. Flores Arroyuelo