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ACTA CIENCIAS SOCIALES 1983

Reunido en Oviedo, los días 9 y 10 de junio de 1983, el Jurado correspondiente al "Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, 1983", integrado por D. Antonio Domínguez Ortiz, D. Enrique Fuentes Quintana, D. Manuel García Pelayo, D. Antonio Hernández Gil, D. Juan Jos?Linz, D. Jesús de Polanco, D. Manuel Tuñón de Lara, presidido por D. Jos?Tarradellas y actuando de secretario D. Jos?Ignacio García Lomas, acuerda por unanimidad conceder este galardón a D. Julio Caro Baroja, en reconocimiento de una constante y rigurosa labor investigadora consagrada a la Antropología Social y Cultural de los pueblos de España y de determinados grupos sociales, con especial preocupación por la historia, la cultura y la sociedad vascas, en razón de todo lo cual ha incorporado estudios de excepcional valor a la comunicación científica internacional.

Conversaciones en Itzea

Francisco J. Flores Arroyuelo (FFA). A la ciencia tambi¨¦n hay qui¨¦n le da un tratamiento de superstici¨®n.

Julio Caro Baroja (JCB). Pues s¨ª. En la idea que respalda al desarrollo de la ciencia hay como un impulso de dominio. Eso se ve en Bacon y en los primeros hombres de ciencia que como tales ya circulaban en la Europa del siglo XVI. En el siglo XVIII, la ciencia se nos muestra como una utop¨ªa que est¨¢ al alcance del hombre y en la que puede mostrar su superioridad al tiempo que relegaba a la religi¨®n a un segundo plano. En el siglo XIX, lo que sucede es que la ciencia alcanz¨® grandes descubrimientos que pudieron ser aplicados en soluciones a padecimientos que la humanidad ven¨ªa arrastrando de siglos, y se la quiso trascender hasta otorgar al que la cultivase como un valor moral. Luego, en el siglo XX, hemos visto que todo esto era una ilusi¨®n, un t¨®pico m¨¢s. La utilizaci¨®n arbitraria de las ciencias llamadas Humanidades condujeron a ideas monstruosas como el fascismo..., y en las otras, c¨®mo la f¨ªsica, pues lo mismo, llev¨¢ndonos a la obtenci¨®n de la bomba at¨®mica y otras lindezas destructoras que est¨¢n guardadas en arsenales, y por lo que parece, las que tiraron en Jap¨®n son ya cosas con las que pueden jugar los niños. La ciencia como ciencia, como fuente de conocimiento, est¨¢ bien, pero el uso que se hace de ella ya, verdaderamente, es otra cosa porque ah¨ª entran en el juego unos intereses y ego¨ªsmos muy particulares. La ciencia ha pasado a estar al servicio del dinero y en manos de los pol¨ªticos que lo ¨²nico que buscan es dominar y hacer uso de un poder que imaginan que beneficia a la humanidad por el hecho de ser algo que pueden conceder. El resultado est¨¢ ah¨ª. El pol¨ªtico, en la democracia, por lo general, es un hombre que tiene una mirada a muy corto plazo, el tiempo que media entre unas elecciones y las siguientes en que se puede ir a su casa, y entonces todo queda en funci¨®n de unos resultados inmediatos. Y en las dictaduras, que no hay estos plazos, el resultado es un encorsetamiento idiota del que no se puede uno librar nunca. Los pol¨ªticos se han atribuido el poder sobre la ciencia administrando el procedimiento, la t¨¦cnica, por la que pueden maniobrar en busca de un modelo de sociedad que bien mirado da miedo. Hoy ya estamos cansados de ver que la ciencia y su aplicaci¨®n pr¨¢ctica por medio de la t¨¦cnica lleva a una falta de libertad, a una serie de dependencias absurdas, a un alejamiento de la naturaleza..., y a una destrucci¨®n m¨¢s o menos sistem¨¢tica del mundo, lo que, por otro lado, se contempla como algo normal, como una consencuencia natural propiciada por una especie de fatalismo.

FFA. Una cosa muy curiosa es que estos mismos pol¨ªticos no paran de proporcionar los medios que hacen posibles que se celebren congresos en los que los cient¨ªficos entonan el mea culpa y
pasan aviso de los peligros que est¨¢n a la vuelta de la esquina si seguimos por donde vamos. Luego, los periodistas hacen su campaña de orientaci¨®n e informaci¨®n, y despu¨¦s se hace el silencio hasta que de nuevo parece que debe soltarse otro globo sonda. Lo del ozono est¨¢ ah¨ª, con unas consecuencias que pueden ser las del fin del mundo si se hace caso a gran parte de la informaci¨®n..., pues nada, de pronto se habla mucho, y de pronto desaparece de los peri¨®dicos, de la televisi¨®n... Se habla cuando interesa a los dueños de la informaci¨®n, el dinero o los pol¨ªticos... Y por otro lado, la ciencia ha hecho que el hombre jam¨¢s haya estado tan vigilado como ahora. Todo est¨¢ controlado, seg¨²n unas estad¨ªsticas que dan a conocer los resultados de una elecci¨®n pol¨ªtica antes de que ¨¦sta se convoque. Todo est¨¢ controlado y guardado en unas m¨¢quinas, desde las cuentas corrientes, hasta el tel¨¦fono, pasando por los periodistas que postulan el principio de que no hay vida privada..., luego, lo que se da para conocimiento general se le llama informaci¨®n, aunque no pase de un chismorreo que, por otro lado, es lo ¨²nico que parece que interesa.

JCB. La informaci¨®n, por obra y gracia de la ciencia, ha pasado a ser una propaganda suministrada seg¨²n determinadas dosis, lo que la convierte en orientaci¨®n o adoctrinamiento. Todo esto ya lo vieron venir en el siglo XIX hombres como Bergson, y tambi¨¦n se dijo en campos como la econom¨ªa, la f¨ªsica... Ahora se habla de que la humanidad va a una especie de suicidio, y puede ser cierto..., pero ante esto saltan los optimistas, los consumistas, los que dicen que no hay que preocuparse porque el ingenio humano sabr¨¢ encontrar otras fuentes de energ¨ªa cuando las que estamos despilfarrando se agoten.

FFA. A veces la lectura de los peri¨®dicos da la sensaci¨®n de que estamos ante unas noticias que vistas en conjunto describen una especie de locura colectiva. La econom¨ªa ha impuesto unas formas de vida que descansan en el cr¨¦dito, en lo que se ha de producir y ganar en el futuro que est¨²pidamente se considera como algo que est¨¢ programado y libre de imprevistos. Los imprevistos son cosas de un presente que pueden ser solventados sobre la marcha. Antes, el hombre viv¨ªa sobre un presente que se hac¨ªa pasado de una manera perezosa, de ah¨ª la importancia de las genealog¨ªas, de las limpiezas de sangre..., que pueden parecer preocupaciones como indecorosas, pero lo de ahora, bien mirado, no es mucho mejor, ahora hay que hacerlo con un pie en el futuro. A lo mejor, vivir en el presente, para alg¨²n te¨®rico de la econom¨ªa, es la ruina. Con la valoraci¨®n del pasado del hombre y su manera de expresarlo, la Historia, sucede algo parecido.

JCB. Hay como una especie de huida hacia delante. El hombre y el dinero est¨¢n entregados a la t¨¦cnica que les hace entrar en esa especie de v¨¦rtigo absurdo. El tiempo se queda corto. Las unidades como el d¨ªa, el mes..., parece que tienen unas dimensiones que deber¨ªan ser ampliadas. La Historia ha quedado como un montaje m¨¢s o menos acertado que sirve para que los optimistas de turno se miren en ella y dictaminen que es la maestra de la vida, como si en ello se encontrase tambi¨¦n la soluci¨®n del laberinto en que est¨¢ metida la humanidad. Sin embargo, s¨®lo la vida es maestra de la vida.

FFA. Y luego est¨¢ el dinero.

JCB. Jam¨¢s ha estado el hombre tan entregado al Becerro de Oro como en nuestro tiempo. Todo el mundo vive en un estado de necesidad por el dinero, que es algo verdaderamente rid¨ªculo y que no podemos llamar codicia, porque se nos queda corto. Una esclavitud total. Y en los j¨®venes, todo esto del dinero, que lo tienen como motivo de conversaci¨®n, es indigno.

FFA. Los j¨®venes viven en un estado de necesidad en todo esto.

JCB. S¨ª, en muchos casos hay como un sentimiento de que es un derecho que tienen, aunque para ello deban saltar por encima de media humanidad. No falta el monstruo que le echa en cara a sus padres si no lo tienen. El dinero y la ciencia unidas..., menudo panorama.

FFA. Hoy la ciencia es vista con recelo por muchos. La aparici¨®n de asociaciones que tratan de que el hombre no pierda su contacto con la naturaleza est¨¢ motivado, por esto?

JCB. S¨ª, pero muchas de esas tienen un tinte pol¨ªtico que las desgracia. Yo no quiero energ¨ªa nuclear en mi parcelita, pero s¨ª en la de los dem¨¢s, y que me la suministren a buen precio. Si hay problemas con la central de Santa Mar¨ªa de Garoña, que lo sea para los castellanos, para los del Ebro, pero que llegue a Bilbao bien barata. As¨ª no puede ser. La ciencia, hoy, m¨¢s que otra cosa, lo que produce es miedo y desconfianza. Cuando Heidegger dijo que la t¨¦cnica estaba por encima del hombre, llevaba mucha raz¨®n. La m¨¢quina ha terminado imponi¨¦ndose al hombre que de ser racional tiene bastante menos de lo que cabe imaginar.

FFA. El hombre, verdaderamente, como deb¨ªa ser definido, si es que las definiciones sirven para algo, es como ser depredador. Y ahora estamos en el momento de lo que antes o despu¨¦s va a producir la ingenier¨ªa gen¨¦tica, un campo de conocimientos t¨¦cnicos que pueden tener unas aplicaciones sumamente ¨²tiles en el hombre y en la medicina, pero que al final, aunque haya muchos c¨®digos ¨¦ticos, no faltar¨¢ el que caiga en la tentaci¨®n de crear monstruos ¨²tiles a lo Frankenstein, y se armar¨¢. Va a ser algo parecido a lo que hacen los fabricantes de armas qu¨ªmicas, que seg¨²n dicen, las hacen para no utilizarlas porque est¨¢n prohibidas.

JCB. El hombre tiene la man¨ªa de transformarlo todo porque as¨ª discurre que alcanza poder, que tiene poder. El hombre cree que as¨ª domina lo que existe. Lo que dec¨ªamos antes.

 

© Francisco J. Flores Arroyuelo


 

 

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